
Útiles de costura, mercerías, mercadillos.
Fue una suerte para mi cuando llegué a España, exactamente a la ciudad de Barcelona, que cuando salía a comprar útiles para coser todo lo que necesitaba para hacer un apaño, podía encontrarlo en los chinos, mercadillos y mercerías. Increíblemente gastando poco, solucionaba mucho. Accesorios de costura como, agujas, botones, hilos, cintas, retales y otros pequeños abalorios estaban al alcance mi mano. En las tiendas de los chinos y en los mercadillos era donde más compraba. Para los pequeños arreglos que hacía, con eso era más que suficiente.
Un año después en Madrid, empecé a visitar las mercerías ahí sí que había de todo. ¡Qué maravilla! De los pequeños cajones y cajas sacaban todo lo que les pedía. Me encantaba pasar tiempo escogiendo y mirando como tenían las cosas organizadas en aquellos establecimientos donde todo parecía encajar como un puzle.

Materiales para confección
Y así son las mercerías, pequeños comercios donde venden todo tipo de artículos para costura y manualidades, lencería, ropas de bebés, y un largo etcétera de productos que te puedes poner o emplear para confecciones. Confección de Bolsos Artesanales .
Lo más interesante de todo no siempre era el destino, sino el recorrido.
Cuántas cosas encontraba a mi paso, cuántas de ellas observé detenidamente, en cuántas calles me detuve, me hicieron reflexionar y me transportaron a mi infancia cuando de pequeña en Cuba de la mano de mi abuela íbamos a las tiendas. Recuerdo una llamada El Danubio, situada en el barrio de Nuevo Vedado donde nací. O aquella otra por departamentos que estaba un poco más alejada, para la que teníamos que tomar el autobús, conocida como el Ten Cent del Vedado. Desde que entrabas el aire acondicionado y olor exquisito te decía que habías llegado. Lamentablemente de aquello solo queda el recuerdo. Hoy Variedades 23 y 10 que su aspecto ha cambiado considerablemente por fuera y mucho más lo que vendían dentro.

Foto de: Miladys Salabarría Pino
Compra de utensilios para confecciones
En este establecimiento siempre mi abuela encontraba todo lo que le hacía falta. Dentro había una cafetería con una larga barra y sillas fijadas al suelo giratorias donde te podías sentar a tomar o comer algo. Lleno estaba de mostradores acristalados que te permitían ver las cosas y la caja se encontraba retirada al fondo de la tienda. Hoy ha cambiado su concepto y prueba de ello es un escaparate prácticamente vacío.
Estas calles son hoy muy transitadas y lo eran entonces. Tanto a la ida, como a la vuelta siempre pasábamos por los mismos sitios. Algunas veces merendábamos en la cafetería “La Pelota” 23 y 12.

Foto de: Miladys Salabarría Pino
De camino a las tiendas
Y en ese ir y venir de gente casi siempre veíamos a un señor que me llamaba muchísimo la atención. Vestía ropas ajadas de color negro, llevaba una larga melena y barba canosas, densas, hechas un amasijo sin forma, sucias, entretejidas por el tiempo y el mal vivir. Era un vagabundo. Caminaba de forma pausada por las calles. Siempre llevaba consigo un montón de revistas y periódicos.
A veces le veíamos tumbado en un edificio abandonado de la calle 12. A pesar de la imagen que daba de persona abandonada, se expresaba correctamente y contaba historias. Le preguntaba a mi abuela si estaba loco y ella tan sabia me respondía que no lo sabía a ciencia cierta, pero que muchas veces prefería a ese tipo de locos; si era que lo estaba, que a otros que se hacían pasar por locos y eran unos sin vergüenzas. De esos últimos era de los que había que cuidarse; no de él. A fin de cuentas, era educado y no hacía daño a nadie. A este curioso señor todos le conocíamos como “El Caballero de París”.

De España, «El Caballero de París». Una historia de vida.
El Caballero de París como tantos otros apodos, son de esos que te acostumbras a escuchar y a repetir sin conocer exactamente su origen, pero que te marcan para toda la vida.
Hace algún tiempo leí en el diario digital El español, un artículo que no solo me dejó bastante sorprendida, sino que me aclaró muchísimas dudas no resueltas que tenía de aquella época. Desde luego es la parte de la historia que me faltaba para entender a aquel hombrecillo, que grandes y pequeños conocimos y al que todos respetábamos.
Del Diario Digital El Español https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/cultura/el-caballero-de-paris-el-gallego-que-se-convirtio-en-simbolo-de-la-habana
Sirva de homenaje esta entrada de mi blog, para aquel caballero español y de paso para no juzgar a quienes intentan buscar un futuro mejor de manera honrada lejos de su tierra. A la vista está que no siempre ha resultado sencillo y da igual de que orillas partas y hacia cuales decides nadar.





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